Esta emprendedora es una verdadera hacedora. Está en acción no hace mucho tiempo pero desde que empezó no ha parado de crecer y de generar interacción con su público a través de Instagram. Su red social favorita.

Es de Concordia y es una grosa de la pastelería innovadora y moderna. Hace maravillas con sus manos,  y debo decirles que sus productos son una delicia. Sí! ya los probé!

Cada torta que elabora tiene el toque de su personalidad por eso ha logrado generar una marca única. Eso sumado a otros aspectos que valoro de ella, me han llevado a entrevistarla para que me cuente cómo a tan corta edad se lanzó en este camino emprendedor.

Aquí va la entrevista

 1.      ¿De que se trata tu emprendimiento?
Es un emprendimiento de pastelería artesanal.

2.      ¿Cómo y por qué empezaste con este emprendimiento?
Creo que empecé sin darme cuenta desde muy chica, me encantaban los programas de cocina y me pasaba las tardes horneando galletitas,decoraba las tortas de los cumples de mis papas, primas, abuelos. Me intrigaba saber cómo se hacían las recetas y aunque no las entendiera mucho por todo el lenguaje investigaba y probaba, si no salía como había visto en la foto lo intentaba una y otra vez. Siempre cocine para mi familia y mis amigos. En todos los cumpleaños había un postre o una
torta mía, lo hacía porque tenía facilidad, me gustaba y era mi “hobby”. A los 12 años un conocido de mi familia comenzó a pedirme tortas más elaboradas para sus cumpleaños porque había probado una que lleve a un asado familiar, esa fue mi primer ganancia. A los 13 años a lo largo de unos meses, vendía con una amiga alfajores y galletitas para tener mi propio dinero con el cual me pagaba el gimnasio o lo gastaba con mis amigas. A mis 16 años empecé a vender budines para tener mi propio dinero (otra vez) para salir a bailar. De budines empecé a animarme a hacer cosas más elaboradas y hasta tomé una clase de cocina en Buenos Aires con Valu Ramallo donde quedé fascinada con su cocina. Vi como se organizaban y aprendí algunas cosas básicas.

Mi madrina y su hermana siempre me insistieron en que tenía que hacerme una página y comenzar a emprender pero no me animaba porque el “que dirán” era más fuerte que yo. Poco a poco mis ganancias comenzaron a ser ocupadas no en boliches o salidas sino en herramientas básicas de pastelería. Así poco a poco fui equipandome, pasé de ocuparle la cocina a mi mamá con tandas de 30 budines de limón y nuez a ir a mi quincho con todos mis materiales. Ya tenía las ganas suficientes para arrancar pero me faltaba dar el primer paso: un logo, una marca y una red social. Investigué mucho tiempo y observaba otras páginas pasteleras que seguía en Instagram. Hice pequeñas encuestas de nombres entre mis amigos y familiares pero ninguno terminaba de convencerme. Fue un Día de los Caídos en Malvinas que me entraron esas ganas innatas de abrir en ese momento mi página y subir todas las fotos que durante el verano había tomado de mis pequeñas creaciones familiares. La abrí
con mi nombre porque la pastelera soy yo y la pastelería era, es y espero que siga siendo mi todo. Así fue como hasta el día de hoy me muestro como soy, mi detrás de escena, mis momentos cotidianos, mis aciertos y fracasos.

 

3.      ¿Cuál es o fue el mayor desafío que tuviste o lo que más te cuesta a la hora de hacer crecer el negocio?
Lo que más me costó y hasta el día de hoy me sigue costando es hacer ver a mi ciudad que se puede vender desde casa,no necesariamente necesito un local para vender tortas. También creo que el hecho de hacer cosas que siempre vemos muy lejanas o muy “Pinterest”, la gente que está acostumbrada a las cosas clásicas se anime a probar algo nuevo, distinto y moderno.

4.      ¿Cómo ves la posibilidad de tener una tienda on line para tu emprendimiento?
Me gustaría tenerla para llegar al público adulto que no tiene redes sociales. No haría una venta on line porque me gusta hablar con mis clientes y que veamos hasta los últimos detalles de cada producto de manera más descontracturada. Los artistas somos bastante “informales”.

5.      ¿Cuál fue la decisión de inversión más importante que tuviste que tomar para hacer crecer el negocio?
En pastelería mi inversión más grande fue el tiempo, porque no es algo que tenga un horario de comercio pautado. El horario lo pongo yo y tengo que saber cuándo parar o cuando no puedo parar y cancelar compromisos sociales. Poner horarios que la gente los respete. La desventaja de trabajar desde nuestro hogar hace que el cliente piense que vamos a estar todo el día esperando a que lleguen. Por suerte son muy pocas las veces que no respetan el horario y la mayoría de mis
clientes son unos genios con los cuales generamos un lindo vínculo de respeto y armonía. Últimamente trato de darme uno o dos días de franco para dedicarme tiempo para mí, para retomar actividades que cuando recién comencé a emprender las había dejado. Hacer esto me permite trabajar más “enchufada”.

6.      ¿Qué herramientas utilizan para la organización y gestión del emprendimiento?
Para organizar mi semana utilizo un cuaderno semanal en el que pongo los pedidos que tengo que realizar por día para no pasar por alto ninguno y tener un mayor rendimiento. En cuanto a la gestión uso varias cosas, tengo un archivo en excel en el cual pongo los materiales, las recetas y
automáticamente me dice los costos de cada producto. También tengo una carpeta en la cual controlo los ingresos y los gastos mes a mes.

7.      ¿Qué te gustaría que te hubiesen recomendado cuando estabas empezando?

Cuando estaba empezando me hubiese gustado saber que equivocarse es parte del camino emprendedor, que los tiempos los manejo yo, que a veces las cosas pueden salir mal y que el cliente no siempre tiene la razón.
Somos nosotros los que ponemos las reglas y tenemos que hacer valer nuestro trabajo, que no tener un local a la calle no hace nuestro trabajo menos que otros. Que equivocarse es parte del trabajo y que tenemos que saber a qué o a quiénes tenemos que darles importancia
cuando nos da una crítica “constructiva”.

Pueden encontrar y saber más de ella aquí Sabrina Zanier